¿te atreverías? Me preguntaba indolente mientras se mordía el labio. No es atrevimiento, es tentación. ¿caerías entonces en la tentación? Ya estoy cayendo.¿y no te arrepentirás después?
Brazos desmayados que me pesan en el corazón.sábado, septiembre 22, 2007
Soy de esas personas a las que les cuesta escribir lo que siente. Sin embargo, cuando me preguntan o cuando tomo la iniciativa y enumero y narro aquellas cosas que se me pasan por la mente y el corazón, se me aclaran las ideas y la palabra brota de mis labios con la misma naturalidad con que brota el agua de una fuente.
Por esta razón, cuyo origen desconozco, soy incapaz de escribir un diario. Lo he intentado en multitud de ocasiones, me he comprado libretas para ello, he abierto páginas del word con el encabezamiento “Diario”, incluso llegué a publicar en este mismo blog dos de ellos.
Desde pequeño he emborronado cientos de páginas que he ido tirando a la basura. Otras las he guardado, no hay en este descarte ningún motivo, son todas igual de mediocres. Si algún día llegara a ser una persona de renombre cobrarían interés por puro morbo, porque la gente quiere saber qué sienten, cómo piensan y actúan aquellas personas que destacan en algún ámbito de la vida social, piensan que en ello se encuentra la clave de su éxito. Yo no descuello en nada, así que difícilmente cualquier anotación mía pueda cobrar algún interés.
Y esto, a veces, me da mucha rabia. Porque me gustaría poder enseñar una parte de mí, hacer pornografía sentimental. Mi naturaleza es antitética con mis anhelos, pienso y deseo determinadas cosas que niego a través de mis actos. Leo y leo, para encontrar, a través de las palabras de los demás las mías propias, trato de meterme en sus pieles, y me embelesan sus pensamientos, sus palabras tan precisas que definen estados emocionales tan comunes y tan difíciles de perfilar con palabras. Y me doy cuenta de que no soy capaz de alejarme de mí lo suficiente como para escribir con la lejanía del que se sabe protagonista de una vida pero rechaza el vivirla. Esta es, quizás, la mayor traba con la que me encuentro: me siento vivo cuando almaceno las palabras en mi interior, cuando las escribo una leve sensación de olvido se apodera de mí, como si al dejar testimonio escrito de ello pudiera desprenderme de la experiencia vivida. Por este motivo, cuando un lugar me gusta demasiado, cuando en un viaje un paisaje me deja sin palabras, cierro los ojos un segundo, aspiro y dejo la cámara de fotos colgando en el pecho. Si escribiera sobre ese lugar, si con una foto intentase captar lo que he sentido en esos instantes, todo el sentido que para mi tenía se desprendería de la palabra y la de la imagen y dejaría por completo de significar nada para mí.
Así que aunque inevitablemente tome muchas fotografías a lo largo de cualquier viaje, sólo lo hago en aquellos momentos en los que no estoy sintiendo nada especial. De esta manera, entre foto y foto, o entre recuerdos puestos por escrito, revivo con mayor intensidad los momentos especiales, pequeños tesoros que prefiero no guardar de ninguna otra forma que no sea dentro de mi cabeza, para no desvirtuar su viveza.
A veces pienso que en realidad estos momentos no son tan especiales pero en un momento concreto los sentimos como tal, y que precisamente por conservarlos en el formol de la escritura o de la fotografía podemos valorarlos retrospectivamente y ver su verdadera naturaleza. Pero la verdadera naturaleza sólo se entiende en el mismo momento de su revelación. Como dice en algún lugar que leí, un río a pesar de ser el mismo río nunca lleva la misma agua, es inútil tratar de sumergirnos pues en la misma corriente.
lunes, septiembre 03, 2007
Son números que se me acaban de venir a la mente mientras me quedan 17 correos por contestar, 7 exámenes por hacer, 9 asuntos por resolver y media docena de amores que marchitar.
Cumpliré 24, perderé esos 3 kilos y los volveré a ganar, responderé estos 17 correos pero otros tantos ya están redactándose o reenviándose a mi buzón, haré los 7 exámenes y algún día terminaré la carrera, resolveré esos 9 asuntos que, a fin de cuentas, tampoco son tan importantes y me volveré a enamorar. ¿no? Lo único que ojalá no suceda nunca es que me caduquen esa media docena de amores que me corresponden...
viernes, agosto 31, 2007
Parece que fue hace un lustro cuando estaba en una cala de Roche tumbado sobre la arena, dando brincos entre las olas, riendo con mi amigo Juanjo mientras iban cayendo uno tras otro los botellines de cruzcampo perlados por la condensación, acompañados por un tándem typical dominguero: filetes "empanaos" y tortilla de patatas. Pero fue sólo hace una semana.
Y si me remonto a la primera de agosto, cuando probé el cocido montañés cántabro in situ, la quesada pasiega, la marmita, las corbatas de Unquera, las fabes con almejas, el chorizo auténtico asturiano a la sidra... Y es que 25 días dan para mucho comer. Concretamente he aumentado mis reservas en tres kilitos, pero han sabido a gloria.
Ahora que de nuevo llegan los exámenes es momento de hacer doble penintencia por los excesos y regular un poco la dieta. Aunque hoy ya me la he saltado. Una menestra de verduras con pollo a la plancha muy rico, y de postre un helado de dos bolas: tarta de queso y dulce de leche. El café que no falte. Y es que así no se puede.
Para la próxima entrada os prometo alguna foto de mi escapada al norte.
lunes, julio 16, 2007
Hoy concluyo este diario. Me salto varias entradas y le pongo el punto y final. Por el mismo no-motivo que lo comencé lo finalizo. Tal vez una razón más profunda de lo que imaginaba me empujó a publicarlo y otra de la misma naturaleza me mueva a terminarlo. A pesar de que no tiene fin porque sigo escribiendo y, ante todo, sigo viviendo. Ojalá pudiera decir que el punto y final lo pondré cuando expire pero eso sólo lo hacen los grandes poetas:
É tal vez o último dia da minha vida.
Saudei o sol, levantando a mão direita
mas não o saudei, dizendo-lhe adeus.
Fiz sinal de gostar de o ver ainda, mais nada
Es tal vez el último día de mi vida.
Saludé al sol, levantando la mano derecha,
pero no lo saludé diciendo adiós.
Hice señal de que me gustaba verlo antes: nada más.
Fernando Pessoa.
Poema dictado por el poeta el día de su muerte
Si dijera que algunos de los que me leen con regularidad se alegrarán de que por fin deje de hablar de mis intimidades sentimentales mentiría. Y no porque realmente no se alegren sino porque en realidad esos algunos son muy pocos, con lo cual decir algunos cuando debo decir uno o dos, es pecar de exagerado.
El 31 de julio este blog cumpliría 1 año. En todo este tiempo he publicado 46 entradas. 25 de ellas son mi diario de estos últimos meses. Haciendo cálculos sale aproximadamente a una entrada semanal. Al contrario de lo que puedan pensar aquellas personas que me han hecho llegar sus impresiones directamente y nunca a través de los comentarios, que recuerdo están habilitados a todo el mundo sin necesidad de registrarse, no he publicado nada por rencor, ni por demostrar nada. Soy tal como me he descrito, no he dejado de decir nada de lo que pienso aunque haya dejado cosas en el tintero que no tenían nada que ver con la temática de estos post.
He hablado sobre todo del amor porque el amor está en todas partes. Love is everywhere. De mis sentimientos porque son los que hacen girar el motor de mi vida, de mi sufrimiento, alegría, nostalgias varias y desazones atávicas. He desnudado mi alma ante la mirada de los que hayan querido mirarme, porque esconderme en este mundo, circundado de almas con caparazón, me duele aún más que mostrarme tal como soy No he podido decir todo lo que me hubiera gustado porque no tengo aún la capacidad para escribir lo que digo. Pero a fin de cuentas he escrito todo lo que he sentido. Cuando sentía una punzada de melancolía o alegría abría el word y escribía. Esto no me ha llevado a ningún sitio, tampoco lo he hecho con este propósito. La vida es suficientemente racional como para pensar a cada momento el por qué hacemos las cosas. Este blog responde más a mis regurgitaciones emocionales que a la razón. Con esta probablemente nunca llegue a escribir nada.
He eliminado todas las entradas de ambas partes de mis diarios. Han sido vuestras durante todo este tiempo, ahora pueden descansar en mi ordenador sin temor a ser releídas. El resto de mis textos siguen siendo vuestros. Intentaré publicar con la misma regularidad que hasta el momento. Una vez a la semana cada viernes, a pesar de que aún no estoy en disposición de adquirir este tipo de compromisos.
lunes, abril 16, 2007
Una prueba irrefutable de que Nintendo ha conseguido llegar a todas las edades, algo de lo que ninguna otra compañía puede presumir.
miércoles, enero 03, 2007
Finalizadas las neuras de 2006 con las campanadas, las uvas y el cava, champán o sidra, procedente para tal evento, felicitado el nuevo año – ¡Feliz año nuevo! – y habiendo cambiado la foto de mi perfil, en la que parecía un intelectualoide de medio pelo (incluso eso proveniendo de mí mismo podría considerarlo un piropo), doy paso a la primera actualización de mi blog en 2007.
Curiosamente el final de año sirve para algo más que engordar un par de kilos, que te llamen o escriban aquellas personas que no suelen hacerlo durante el resto del año, que hagan especiales en la mayoría de cadenas de televisión para recaudar fondos en esta época tan consumista – algunos se sentirán mejor – o cualquier otra variante. Sirve, y a mí al menos me sirve, para descubrir con sorpresa que empiezo a tener pasado más allá del que tuve como niño y adolescente, y el gran descubridor de esta faceta que cada año se irá acrecentando son “las batidoras de 2006”, programas de relleno que fabrican todas las cadenas y en las que aparecen las mejores imágenes del año, las más sorprendentes, las noticias más relevantes, canciones de moda, y demás momentos caústicos que han marcado el agonizante año y en los que siempre hay un rinconcito para la nostalgia. Se echa mano del archivo histórico de Televisión Española y solucionado. Así me descubrí con cierto estupor viendo uno en el que aparecían imágenes de la década de los noventa y comienzos de dos mil, época en las que ya tenía de manera más que sobrada uso de razón. Esto causó en mi un cierto estupor. Recuerdos ya sabía que tenía porque, aunque poca, memoria tengo. No se trataba de eso.
Tenía además un pasado. Un pasado lleno de sentimientos propios y comunes al resto de mortales. Un repertorio de canciones que podría tararear con nostalgia junto a cientos de miles de personas. Series de dibujos animados que comentar no ya con fervorosa pasión sino con incongruente melancolía. Y barba. Y recuerdos de la moda de una época. Si miro una de las pocas fotos que tengo de cuando me hice mayor de edad veo con estupor que lo que entonces me parecía corriente en cuanto a modo de vestir, hoy empieza a estar en desuso. Que las sudaderas anchas no se llevan a no ser que seas rapero y la lleves extra large, que las zapatillas Paredes están completamente ensombrecida por Nike, Adidas y Reebok. Incluso las J’hayber blancas y azules, con su llamita en la lengüeta. Casi un objeto de culto que hoy sería calificado de hortera. Lo que ahora se llevan son los muelles.
Y la separación de mis padres. Un suceso normal en la vida de cualquier persona, padres e hijos. Más normal incluso hoy día, ya que la media de separaciones ha aumentado vertiginosamente en la última década. Y no es culpa de la emancipación y reivindicación igualitaria del género femenino sino por incompetencia masculina. En mi caso y en el de muchos. No sé en qué proporción.
Una separación que viví cuando tenía catorce años y mis padres llevaban 23 años casados. Dejaron de quererse o empezaron a ignorarse a los seis años de haber realizado el enlace. Tengo tres hermanos, 33, 32 y 28 años. Niña, niño, niña y yo. Dos parejas. Me consuela escuchar a mi madre decir que es lo único que le salió bien y de lo que no se arrepiente.
A los dos últimos mi padre no quiso tenernos. Hoy estoy aquí. No soy yo quien deba hablar de él porque cada vez que voy a Sevilla me entero de cosas nuevas que pasaron entre mis padres y que desconozco. Es normal, yo era pequeño, y eso a un niño pequeño no se le cuenta. Yo nunca noté amor en mi casa. Armonía tampoco. ¿Me marcó eso? Hoy sé que más de lo que un principio podría imaginar. Si a mis hermanos que son bastante mayores que yo les marcó, yo no habría de ser menos. Aunque lo de que a mis hermanos les afectase es algo de lo que me he ido enterando más tarde.
Crezco, crezco, crezco. La virtud de cumplir años es inmanente al hecho de nacer, el pasar del tiempo trae cosas buenas y cosas malas. Pero la vida es en sí misma bonita, agradable a veces, y para que la sintamos y disfrutemos, valoremos y sopesemos, es también amarga a sorbos. Como un océano infinito, recorrido por corrientes distintas que llevan a distintas islas. En unas encontramos paz, sosiego, calma, alegría, en otras soledad, tristeza, amargura, pero hay corrientes circulatorias que no conducen más que a un eterno vagar. Un camino interminable.
jueves, diciembre 21, 2006

“Un hombre puede andar aquí la vida entera y no hallarse nunca, si nació perdido”.
José Saramago, Levantado del suelo.
Navidad. Nunca un día dura tanto. Concretamente 45 días, del 22 de noviembre al 6 de enero (eso oficialmente). Y en realidad, Navidad Navidad sólo es el 25, día de la Natividad de Jesucristo. Y es que la Navidad es como el Universo, cada vez se expande más y más.
Navidad...¡ala, todos igualados por el rasero del cristianismo, aunque no queramos!. Y disfrazada además bajo una túnica tejida por el capitalismo que por estas fechas se viste su mejor sonrisa y propaga la idea de amor, fraternidad e igualdad. Igualdad en gastos, por supuesto.
Mientras gastemos, todos felices. Esa es la idea que, por sugestión colectiva alimentada por un bombardeo mediático (medios que no olvidemos viven de la publicidad), debe estar en nuestra mente.
Sonríe, sé feliz, recuerda a los tuyos, llámales y pasa a verlos, pero no te olvides del regalo, sí, sí, si los Reyes Magos ya lo hicieron hace dos mil y pico de años, llevándole incienso, mirra y oro a Jesús, cómo no vamos a continuar con esa costumbre. ¡ Por favor, faltara más! ¡No tendríamos corazón! Cómprale un móvil, además, mira qué barato, y las tarifas tirás de precio, para que no tengas excusas y les llames.
Y esto, queridos lectores (ayer descubrí con sorpresa que son más de tres personas las que me leen), ya lo sabíamos todos, ni puedo ni pretendo ilustrar sobre este tema. Si lo saco es porque lo que me preocupa (¿me preocupa realmente?) es que la gran mayoría (qué bonito calificativo) sabemos de estas artimañas y nos da un poco igual. Es tan fácil abandonarse a los placeres de la sobremesa, llena de turrón, orujo, mazapán, guirlache y demás postres hipercalóricos, que no sólo lo hacemos en cuerpo sino también en alma. Tándem completo.
Y es que todo es por los niños, o al menos esa es la excusa. Les compramos todo lo que piden por dos motivos. Uno, nos da pena que el niño crezca con complejo de pobre, en esta sociedad el que no tiene es menos que los demás. Dos, somos tan egoístas que nos ponemos en el lugar del niño y pensamos, Cómo no voy a darle lo que pide, a mí me gustaría que me regalaran todo. Claro, y como nosotros lo queremos todo, el niño también ha de quererlo todo. Y todo es lo que le regalamos. ¡Ah! Todo menos la felicidad. Esa no es la forma de conseguirla.
Al final todo es tan sencillo como no ir contracorriente, dejar nuestras cuentas a cero y nuestros cuerpos con unos kilos de más, refrescar el repertorio de villancicos navideños, llamar a esos familiares con los que no solemos hablar a menudo, sonreír más, protestar menos. Ay... dulce Navidad. ¿Os he dicho que os quiero? Amigos, la vida es breve, el arte largo, las relaciones efímeras, las estaciones periódicas, los estados temporales, y la felicidad duradera.
Hablando de felicidad, ¿qué me traerán este año los Reyes?
martes, diciembre 05, 2006
El tiempo, indecoroso hacia sí mismo, ha pasado más rápido de lo que esperaba. Esta es la sensación que me embarga y que he terminado de racionalizar, no obstante, en un recodo de mi fuero interno sé que jamás esperé nada del tiempo sino de las personas, y por no llamar al tiempo por su nombre me olvidé de su existencia.
Los días solariegos pasaron: la Feria del libro con sus escritores corcovados dedicando sus libros cargados de reflexiones, invenciones, anhelos, prejuicios, falsa moral; eruditos unos, místicos otros, proselitistas de su ego la mayoría. Todo aquello está sepultado no por el tiempo sino por la memoria. Hoy hace frío, el primer frío de un otoño tardío, cargado de nubes, de tormentas persistentes a lo largo de varias semanas.
Una de mis teorías y convicciones personales sobre la vida y su sentido, es que desde que el ser humano piensa y tiene memoria, las edades de envejecimiento han ido variando a lo largo de la historia. Así, mientras yo creo haberlo hecho muy rápido para la época en que vivimos, otros para la época en que vivimos no maduran. Cada momento tiene su magia. Cada paso que da el tiempo mide diferente según las personas, según el país y según la ciudad en que viva. Cada paso avanza distinto, por distintos senderos, algunos se encuentran en el camino, otros se enfrentan en él. Y en realidad todo tiene el sentido que uno quiera darle según el momento de embriaguez, emoción, lucidez, desazón, desánimo, esperanza o apatía, según el estado de ánimo de cada uno, medimos el mundo, lo cualificamos, y lo hacemos único y diferente.
lunes, noviembre 27, 2006

Después de un tiempo sin publicar nada en el blog, adjunto este fragmento que escribí hace unos días. Siento ser tan poco prolijo, no consigo sacar más de mí.
Est deus in nobis; agitante callescimus illo
Hay un Dios dentro de nosotros ; cuando se agita nos inflamamos
Ovídio, Fastos 6.5
Nunca pensé que el dolor
llegara a ser adictivo;
siento la libertad más plena cuando
mi alma sufre: soy una laguna
negra que arrastra vanidades a su interior.
En el fondo tiemblo; la certeza
de que este mundo que me construyo
y me construyen es una opción me aniquila.
No es la cadencia de las palabras, no es el ritmo
de la naturaleza, no. Nada. Tal vez no sea nada porque
nada puedo expresar sino un sentimiento
que nace del dolor. Un dolor vivo que me humaniza,
una cuerda de esparto que rodea esa parte de mí
que se agita y que se inflama.
¡Tengo tantas cosas que sentir! ¡tantas funciones que vivir!
tantos papeles que cumplir... y sólo sería feliz cumpliendo
el que sé que no puedo: porque la cama está caliente y fuera
el mundo está oscuro, inhóspito, frío, gris. Triste.
jueves, noviembre 09, 2006
(El espejo de la salvación humana)
ma de mí. Soy yo el remolino y me trago todas las sensaciones, quedando sepultadas detrás de mis carnes que esconden un alma, por un instante ensombrecida, que avanza y retrocede, como la misma humanidad desde que el hombre perdió su inocencia, y con él, la historia misma.martes, octubre 31, 2006

Sinceridad con cadenas
Para escribir hay que ser valiente o no tener nada que perder. Me podría inventar una vida, una cara, podría sentir a través de otro personaje, un personaje creado por mí. Sería una forma de liberación. Pero en cierto modo también sería una forma de renunciar a vivir mi vida. Y la verdad es que no tengo el valor suficiente ni para escribir con sinceridad ni para inventarme otra vida y pintarle un alma. Y mucho menos para renunciar a mi insulsa existencia. Y tampoco tengo nada que perder.
Todo lo que escribo nace por dos motivos, que en realidad es uno, solo que a veces se traviste. O es autobiográfico, con o sin adornos. O lo que escribo es completamente inventado y es como un parto, si nace es porque no podía estar más tiempo dentro de mí, ya que se hubiera podrido y me hubiera dejado infectado. Y digo que este último es en realidad el primero travestido porque lo que nace, lo que paro, es una frustración, un anhelo, lo escribo para que alguien lea lo que siento, y no lo enseño para que ese alguien no sepa lo que siento.
Me vendo. Soy un cobarde. Y además no tengo suficiente valor.
jueves, octubre 26, 2006

Abrazos gratis para el Mundo entero
Hay historias que hacen que se le salte las lágrimas a un servidor. Hoy me encontré por casualidad con una de ellas, que a tenor de como han transcurrido las cosas, se ha hecho mundialmente famosa.
Y es que cuando el ánimo anda de capa caída no hay nada mejor que un buen abrazo.
viernes, octubre 20, 2006

Un caluroso verano chipionero seis años atrás. Atención a la pinta chuloplaya que tengo...
Las casualidades no existen. Eso pienso justo después de que andase pensando sobre qué podía escribir en mi blog. Lo actualizo poco y son pocas las ideas que tengo para hacerlo.Abro el correo y veo uno de mi amigo Edu. Está limpiando su disco duro y me envía un texto que escribí y le envié hace por lo menos seis años.
No es muy bueno pero al menos me sorprende gratamente. Tal vez la emoción de reencontrarme con algo que ni recordaba me hace verlo con otros ojos. Os lo copio a continuación. Al final sigo sin escribir nada, pero comparto con vosotros una pequeña parte de lo que fui a través de lo que escribí.
De repente el cielo se abrió, y lo pude ver, estaba ahí... el secreto, el más oculto secreto y esencia de su ser. Inimaginable a mis ojos pude ver su alma, entrelazada en la esencia de las flores, no comprendí ni comprendo como puede nacer algo así.
Estoy tumbado en mi cama, pensando, intentando saber por qué, cómo lo ha hecho, nadie lo pudo hacer antes, pero... ella es distinta, a todos... y a todas. Es sencillez extrema, paciencia vistosa, cariño receloso, simpatía infantil, ojos color miel, y pelo suntuoso, inimaginable y casi inalcanzable para mí, mortal en alma, su dulce y tierna sonrisa cautiva las miradas, miradas lejanas, miradas ocultas de gentes que no sienten, que no viven, pero ella da vida a todo en cuanto posa su mirada.
Sigo sin explicármelo, sigo sin saber por qué, cómo lo ha hecho, nadie lo pudo hacer antes pero ella... es el ocaso después de la pesadilla, en el que el alma encogida se aferra al destino soñado y sin aceptarlo llora y clama, pero entonces su recuerdo me ilumina, y si está junto a mi... ¡oh!, mi vida no sería la misma, aunque nunca antes fuese igual a lo que será en el futuro. Pienso en el futuro.
¡Qué futuro me esperaría junto a ella!. ¿ puede existir la felicidad sin preocupaciones?, sólo cuando lo sienta lo podré decir, pero... si no tengo preocupaciones, nunca podré quejarme de nada ¡maldito sea el día en que comencé a pensar!, jamás me debieron enseñar, como hoy en día, que es a lo último que se aprende.
En fin, sigo tumbado en mi cama, he quedado en 30 minutos, y la verdad es que no tengo ganas de levantarme, pero... por otra parte...¿ Por qué, cómo lo ha hecho, nadie lo pudo hacer antes, pero ella... ¡ME HA ENAMORADO!.
lunes, octubre 09, 2006
Hay dos paraísos y están en la tierraEs terrible constatar el carácter mortal de uno mismo. Hay infinidad de escritos con la inmarcesibilidad del alma como trasfondo compuestos por mujeres ya marchitas, por hombres de carnes caídas, por personas que sienten, como yo siento en este momento, que han sido expulsados del paraíso por segunda vez. Ellos han sido expulsados del paraíso del deseo voluptuoso de carnes prietas, de sexo ardiente, del ritual del apareamiento. Yo del de la seguridad confortable de no tener que hacer nada que no quiera hacer, de no preocuparme por si hay qué comer, de tener un parapeto en forma de padre, madre, adulto cercano, que me siga manteniendo aislado de la realidad, que me prodigue atenciones justas, ratos ociosos, casa caliente, cama blanda.
Estos dos son los paraísos por los que pasa el hombre antes de ser expulsado definitivamente hacia esa otra parte de la vida en la que sólo se espera la muerte. La única forma saber de la existencia del paraíso es en retrospectiva, esto es, cuando somos expulsados y nunca más podremos volver.
Al final todos somos desterrados, y son los propios adultos los que empujan. A los ojos de un niño el paraíso adulto es atractivo, y como uno no es compatible con el otro y somos curiosos por naturaleza, terminamos abandonando uno para recalar en otro del que, inevitablemente, seremos expulsados más tarde, cuando otros ocupen nuestro lugar.
Ellos, los adultos, envejecen, yo, el niño, me hago mayor. Adquiero los vicios y las virtudes, aprendo a amar, a odiar, a trabajar por dinero, a saber valorar las cosas: las materiales y inmateriales, aprendo a ser rencoroso (la memoria es un instrumento trágico cuyo único fin es elde hacernos cada vez más egoístas); el perdón practicado en la infancia ahora aparece con una guadaña afilada y es mucho más difícil perdonar, aprendo a ser despiadado, y compasivo. La justicia se vuelve más clara, más precisa a mis nuevos ojos, entro en el juego del mundo adulto, ya no valen excusas, nadie tendrá piedad, sé de antemano lo que puedo y lo que no puedo hacer. Las reglas están escritas, sólo hay que leerlas.
La imaginación se nos empieza poco a poco a apagar, ya no existe Peter Pan. Es magnífico y maravilloso que alguien del mundo adulto se rebele, y escriba un Charlie y la fábrica de chocolate, o La historia interminable, La isla del tesoro o La vuelta al mundo en 80 días. En realidad los grandes escritores son ellos. Los premios Nobel suelen ser autores ya mayores, nostálgicos del amor, escasos de libido, con una infancia tremendamente feliz o pordiosera. No hay extremos. Ellos fueron asimilados por el mundo adulto y sus reglas, como casi todos, y le devuelven al propio mundo obras que son un reflejo de su alma que no es ni más grande ni más profunda que la de cualquier otro adulto asimilado. Y sólo un adulto puede valorarlas porque es requisito indispensable haber perdido la inocencia para mirar con los mismos ojos un poco más lejos de lo que nosotros podíamos haber mirado.
Cuando era pequeño, no recuerdo exactamente la edad, fui consciente por primera vez de que era mortal. No sé a qué se debía pero mi hermana, diez años mayor que yo, me contaba con una Biblia en la mano cuando Eva traicionó a Dios y comió una manzana del árbol prohibido. Entonces, me decía ella, en ese momento un dolor enorme recorrió al hombre, fue expulsado del paraíso y ya no pudieron andar desnudos sobre la faz de la tierra: tenían vergüenza, algo hasta el momento impensable. La regla sería una especie de estigma permanente para hacer recordar a la mujer su error.Recuerdo que yo le pregunté ¿y si Eva no se hubiera comido la manzana nosotros viviríamos para siempre?, sabiendo de antemano la respuesta.
En ese momento me dije a mí mismo que nunca jamás daría mis hijos una manzana ni nada que contuviera manzana (pensé directamente en una papilla de frutas) y así les evitaría el trago de morir. Pensé que nadie más había reparado en este detalle y que sería el primero en hacerlo. Me felicité por ello, pero en realidad no era más que una vía de escape a mi miedo. Cuando Eva comió la manzana todos fuimos condenados. Ahí tiene su origen el pecado según la religión cristiana, y lloré al conocerlo porque imaginé el día en que mis padres morirían y sentía un miedo irracional (sería expulsado del primer paraíso). Lo que entonces no sabía es que había un segundo del que aún he de ser expulsado por los niños de hoy, a los cuales, inevitablemente, los adultos, entre los que yo me encuentro, expulsaremos del primero.
martes, octubre 03, 2006
Me estoy leyendo mi primer libro de Henry Miller: Trópico de Cáncer. Pensé que era el de Capricornio, pero no, me equivoqué al recordar el título que ahora mismo acabo de verificar.
Cuando empecé hace unos días me desesperé un poco. Llevaba al menos un mes sin leer nada de literatura a causa de los exámenes y me suele pasar que cuando retomo la lectura me cuesta un poco al principio. No tengo ni idea de por qué será, pero no es algo que me preocupe mucho. El caso es que las primeras páginas se me hicieron un poco insufribles, en realidad no contaba nada en ellas y contaba muchas cosas. Eran sobre todo impresiones de su mundo interior. Un mundo interior apabullante, aunque no muy atractivo. La particular belleza de sus impresiones se deben, tal vez, a la candidez con que las tiene. No pretende subyugar su forma de vida a su mundo interior, es más bien lo contrario. Su vagar errático por las calles de París (en esta novela) y su añoranza de su Nueva York natal es lo que le confiere a su mundo interior ese carácter singular. Si yo hubiera sido mitad vagabundo en París hace cincuenta años, con total seguridad no hubiera podido retratar esa sociedad de la que él escribe con cierta apariencia de desgana. Putas, vicio, juego, apariencia, y el confort de los cafés.
Tiene fragmentos soberbios, uno en especial me llamó mucho la atención. Lo reproduzco: "El libro ha de ser absolutamente original, absolutamente perfecto. Por eso es por lo que, enrte otras cosas, le resulta imposible comenzarlo. En cuanto se le ocurre una idea, se pone a impugnarla".
Volviendo a Miller. Es pronto para escribir mis impresiones sobre él. Sobre su lectura. Hay algo que nunca he dicho, ni siquiera comentado cuando leo a un autor. Normalmente, aparte de recibir impresiones cognitivas, también recibo impresiones sensitivas respecto a su escritura. Si bien es cierto que esta está en cierto modo adulterada pues, a no ser que lea a algún autor que escriba en castellano, lo que leo son las traducciones, y por fieles que sean, nunca tendrán el vigor que caracteriza al original.
Las sensaciones a las que me refiero van desde la hosquedad, el gris, la porosidad áspera de la escritura de Saramago, que desbasta zonas de nuestra cabeza y deja al descubierto sensaciones (de reflexión en su mayoría) desconocidas hasta el momento, a la dulce certeza de tener gran parte de razón en la melancolía y la saudade de Pessoa, una certeza que se traga como una oblea crujiente hasta que se queda en el paladar, y con la lengua luchamos por engullir.
Cada autor, empezando por su nombre, y terminando por su biografía casi hagiográfica en algunos casos (por la cantidad de material que se ha escrito de ellos y no por la cualidad de sus vidas) tiene una parte material que me impresiona conforme los leo. Así, nada más empezar, e incluso antes, a leer a Pessoa, un estado de soñolencia que pudiera parecer que sueño si no supiera conscientemente que estoy despierto, me embarga. Y una rotunda saudade de algo que no echo en falta. Pero sus palabras me traspasan de tal forma que creo ver en relieve las sensaciones casi imperceptibles de color violaceo que de sus palabras emanan, y construyen a fuerza de un masajeo constante en la sien.
Gran parte de la crítica literaria, cinematográfica, la relativa a las artes en general y aquella incluso referente a los espectáculos se basan en sensaciones personales. Y tenemos en tal consideración a una persona según sus impresiones, y lo que estas impresiones despierten en nosotros. Y a mí esto no me gusta hacerlo, no porque quiera ser mejor ni hacer algo especial sino porque a no ser que conscientemente me lo plantee, no me sale. Algo que también dice Henry Miller en su libro Trópico de Cáncer, aunque con otras palabras, es algo así como que el artista crea para desestabilizar el sistema de valores de una época, y crear cambios que modifiquen la sociedad. Así la escritura de hace un par de siglos era mejor que la actual, y la pintura del XVI mejor que la del XVIII, etc, etc.
Resumiendo: si un autor no desprende un "olor" particular no lo considero especial. Bucay me transmite sensación de pureza corrompida, de azul con olor de formaldehído impregnando ropas vaporosas y blancas llenas de falsa espiritualidad. Bukovski huele a jabón de viejo, a ceniza reconcentrada, a leche fresca pasada. Y así podría seguir. Pero son sólo sensaciones. Nada más
miércoles, septiembre 13, 2006
Si una tarde de otoño un hombre (Capítulo II)
Ese hombre que una tarde de otoño desapareció se llama Manuel como su hijo. Pasa los cuarenta años de edad aunque eso no tiene importancia en esta historia. Cuando desapareció estaba en mitad de la treintena, durante su ausencia cambiamos de siglo y de milenio.
Manuel es de estatura media, no más de uno setenta y cinco, cuerpo ancho y fibroso, enjuto de cara y lacónico en sus respuestas. Tiene unos ojos pequeños, parece que reflexionara todo lo que oye, todo lo que ve. Ojos de sabio. Son de color marrón, más tarde dirá que se le quedó prendido este color en su pupila al despedirse de su antigua vida, porque lo último que miraba y admiraba eran las hojas de los olmos, marrones, secas y mojadas; su mirada es penetrante, no preguntó nada durante la entrevista pero, cada vez que me miraba, su pupila adquiría una expresividad tan viva que no hacía falta que me respondiera a lo que había preguntado. En estos casos sus ojos afirmaban, negaban y dudaban sin necesidad de que sus palabras confirmasen sus intenciones.
Desde que apareció, además de unas pocas palabras, no dijo más que, si respondía largo y tendido a las preguntas que surgían atropelladas (su familia desesperada, sus amigos que casi lo habían olvidado, la policía atónita por la reaparición), no iba a poder contar su historia tal y como le pasó. Su familia ha estado carcomida por dudas e incertidumbres de toda índole durante mucho tiempo, pero ninguno le volvió a preguntar después de que la enésima vez que lo hicieran prorrumpiera en amargo y desconsolado llanto. Lo que hasta ahora sabemos de él son las pocas respuestas que ha dado a su familia y la impresión que esta recibió al verle regresar.
La peculiaridad de su historia y el halo misterioso que envuelve su regreso ha hecho que los medios de comunicación; televisión, radio, prensa y sobre todo Internet y la blogosfera, hayan prestado una atención inusualmente prolongada en el tiempo a la historia de Manuel.
Las teorías sobre su desaparición han sido múltiples. Las de su regreso aún superan en número a las anteriores. La ciencia ficción se cruzan con las teorías de aquellas personas que opinan que al final será una historia más de amor y desamor. La expectación no sería tanta si series como Perdidos o los 4400 no hubieran tenido tanto éxito a nivel mundial.
Manuel, el protagonista de esta historia decidió hacer una única declaración, a una sola persona, sin nadie más delante que un cámara y una grabadora. El elegido es Jesús Quintero, famoso por su programa El loco de la colina y Los ratones coloraos. El motivo de la elección es desconocido hasta el momento.
La entrevista se reproduce hoy en la mayoría de los diarios nacionales, todos los telediarios se hacen eco de sus extractos más sorprendentes. Internet es un hervidero de comentarios derivados de la misma, y en la radio se han multiplicado las tertulias en torno a un tema que nadie pensó que pudiera acaparar tantas atenciones.
Lo que a continuación les ofrecemos es la declaración íntegra de Manuel:
martes, septiembre 12, 2006
Si una tarde de otoño un hombre
Si una tarde de otoño un hombre saliera de casa a comprar tabaco y no volviera jamás, su mujer e hijos se desesperarían. Si una mañana de otoño este hombre desapareciera sin dejar rastro alguno, sin haber hablado con nadie, y sin ni siquiera haber comprado tabaco, parecería que la tierra se lo hubiera tragado.
Una tarde de otoño de ramas secas y hojas mojadas adheridas al suelo. De vientos arremolinados, de paraguas empuñados, y de impermeables y botas de niños que vuelven de la escuela.
Si esa tarde de otoño ese hombre no hubiera salido de casa a comprar tabaco jamás hubiera abandonado a Isabel, su esposa, ni a sus dos hijos, Alicia y Manuel. Aunque no podemos hablar de abandono porque un día regresó.
Ya entonces se hablaba de él en pasado. Lo más difícil de perder a alguien es cambiar el tiempo verbal cuando te refieres a esa persona. Del presente al condicional – si estuviera aquí papa nos dejaría estar hasta más tarde en la calle -, del condicional al pasado – tu padre nos abandonó- . Y un día, de repente, el pasado torna en presente y nos descuadran los verbos. ¿Dónde has estado todo este tiempo?.
Pero lo más importante de una historia no es dónde fuimos o qué hicimos, por qué estuvimos tanto tiempo sin dar ninguna noticia, dónde estábamos y por qué no regresamos hasta este momento. Lo más importante de una historia es saber qué motivo, pensamiento, sensación o impulso mueve a empezarla. Y qué pasa durante todo ese tiempo. Lo demás es circunstancial. Una historia vive para ser narrada. Si no se narra bien desaparece y entonces sólo queda en la memoria del que la vivió. Si los demás aceptan esa historia, sin prejuicios de ningún tipo, como suya, entonces esa historia vivirá por siempre en boca de esa persona.
miércoles, septiembre 06, 2006
Soy bastante desorganizado en bastantes ámbitos de mi vida. Cuando vivía en Sevilla solía tener el piso desarreglado y la habitación patas arriba. Busco un libro, leo una página o dos y lo dejo encima del escritorio, después una revista, una camiseta, la bolsa de haberme comprado otro libro, unos papeles que escribí hace algún tiempo y hojeé por curiosidad – curiosidad desencantada propia del paso del tiempo que nos hace ver con otros ojos lo que pensábamos que era, si no bueno, al menos decente – y así cosas y más cosas.
Todo hecho un lío. Pero de repente un día me levanto con ganas y todo eso lo organizo hasta el más mínimo detalle.
Cada cosa en su cajón, las revistas organizadas por fechas, los libros por orden alfabético, las hojas sueltas en carpetas. Cuando termino creo haber arreglado no sólo mi cuarto o el piso, también mi cabeza.
Entonces veo fácil mantener el orden, tan sólo tengo que volver a colocar en su sitio lo que uso a diario. Pero de repente, siempre me pasa igual, veo imposible mantener el orden.
Tendría que tener detrás a alguien para que recogiese lo que yo dejo.Hasta cierto punto me gusta ese desorden que empieza a despuntar en una habitación con varios libros por medio, me parece un ambiente idóneo para desenvolverme, me siento más yo.
Pero cuando ese desorden aumenta dejo de sentirme tan bien y me embarga un hastío recurrente, y digo recurrente porque sé que hasta cierto punto es cíclico este comportamiento: organizo y desorganizo poco a poco para volver a organizar más tarde.
Esta forma de ser, esta actitud, rige en gran medida mi vida, fluctuaciones constantes, previsibles y dolorosas. El dolor que me causa es de no poder evitar estas situaciones, lo que hoy me gusta mañana me disgusta. Con esto no quiero decir que sea tan voluble como cambiar gustos como la comida, los amigos, el amor, etc.
Lo que escribo a continuación tiene poco que ver con lo que hasta ahora he comentado, el único punto con el que se puede relacionar tal vez es que hablo de un estado de ánimo de el alma – prometo escribir en este blog qué concepto tengo de alma para que podáis entenderme un poco más -. Aquellas épocas, y las llamo épocas porque no suelo tener días sino meses o incluso estaciones enteras, en las que mi alma se encuentra triste, melancólica, dura y temblorosa, sale mi lado más humano, mi lado más intelectual y apasionado. En esas épocas siento más, pienso más, me desasosiego más, huelo más intensamente, tengo más aspiraciones y menos ganas de materializarlas. Amo más, más intensamente, y en todo el día no se me olvida tu sonrisa, Gema.
No te regalo flores ni soy muy original, pero te miro y mis ojos, te darás cuenta, brillan más. Mi forma de ser, hasta un punto despistada, desordenado, un poco caótico, no me permite en la medida en que yo quisiera poder escalonar mi pensamiento hasta volverlo tan complejo como desearía, es por eso que no soy un romántico ingenioso y sí uno que se deja llevar por la corriente más de la pasión que de otra cosa. Si te abrazo es porque lo siento, y si no te digo cien veces al día lo que siento es por no gastar el nombre de ese sentimiento.
Pero sí hay una cosa en la que soy constante y sabes de qué se trata. Decía yo el otro día en este mismo blog lo de “Escribir, ser grande, amar y ser amado, la gloria y la fama...”.
Pues voy a dejar de soñar en este aspecto. Lo que escriba durante el resto de mi vida, mejor o peor, no será nada en un mar de literatura, buenos libros, grandes autores y poetas. Eso lo asumo, y no me cuesta en absoluto. Sé que al menos a las personas que me rodean, tal vez por un rato, les entretenga o, incluso, les haga sentir hacia mí una cierta admiración que se disipará en cuanto me conozcan mejor.
Pero si yo pudiera escribir algo con sentido, una obra larga, compleja, que me llenase, no estaría viviendo mi vida. Ya lo decía Alejandro Casona “Las novelas no las han escrito más que los que son incapaces de vivirlas”.
No podría renunciar a ti, a ser feliz, a la sonrisa que me sale todos los días porque sí, por ese estado de melancolía, apatía externa, por esos malos sentimientos y malas intenciones que decía André Gide, y todo ello por escribir una novela, un poemario, lo que fuera.
No quiero gloria y fama más que con la persona con la que duermo y sueño. No necesito otra cosa más que salud, amigos, familia y tú. Mis aspiraciones crecerán entonces, y tal vez, poco a poco te vuelva a enamorar como lo hice aquella tarde noche en la que helaba y yo te presté mi abrigo en lo alto de una colina de la ciudad de Madrid.

