viernes, enero 18, 2008

Han pasado más de dos meses sin escribir nada. Dos meses es mucho tiempo para un blog pero poco en una vida.
Uno deja de escribir en un blog por dos motivos fundamentales: la apatía, abulia, desidia de su propia vida, con lo cual no hay nada que contar, o contarlo todo sin decir mucho. Por estar viviendo un periodo excitante, de continuas subidas y bajadas, nuevas experiencias, nuevos campos vitales. En definitiva, por tener tanto que hacer y tan interesante que se dejan de hacer cosas tan banales como contar por aquí qué es de uno.

No entro, por supuesto, cuando uno se gana la vida con esto. Entonces no tiene motivo para dejar de escribir. Podrá hacerlo mejor o pero, pero es el medio a través del cual se gana su sustento.

Una bitácora personal es diferente. Se escribe porque se siente la necesidad de escribir. Aunque no te lea nadie, aunque los que te lean sean tan pocos. Es una ventana abierta. A través de ella puede mirar todo el que quiera, todo el que llegue a divisarla. El paisaje podrá ser más o menos ameno, interesante, aburrido. Un paisaje más. Una opción más.

Uno no puede ni debe ni sería deseable que pudiera, elegir a los visitantes de su blog. Una visita guiada a las tripas de uno mismo. A las alegrías y las miserias. Las virtudes y los defectos - estos más ocultos pero siempre a la vista -. Un recorrido panorámico y detenido entre las pupas y beldades que uno posee. Entre sus miedos y vergüenzas, a través de aquello de lo que presume y de lo que se jacta.
Uno no debe poder elegir la calidad de sus lectores. La calidad de un lector no va reñida con la de la propia persona. Conozco a excelentes lectores que carecen de ese brillo que posee y rebosa toda gran persona. Y viceversa.

En estos dos meses ha sucedido algo singular. Los que nacieron en los 90 ya empiezan a tener la mayoría de edad. Me empiezo a sentir de otra época y aún soy suficientemente joven como para no notar ese desfase. ¿Se habrá acelerado el cambio generacional?

Por último, un apunte. Para los que lean esto. La vida son coyunturas. Uno pasa por distintas coyunturas durante cierto tiempo, ahora estoy viviendo uno de esos tiempos, que no son de crisis ni mutación ni nada similar. Más bien de definición. Y como este blog pasa por ser parte de mí, he de definir qué he de hacer con él. Si seguir o cerrar. Si sigo he de cambiar la línea.
Lo que cuento no me basta a mí para alentarme a seguir con ello. La fórmula - que nunca fue tal - ya me falla. Y eso no puede ser.

lunes, noviembre 12, 2007
























Cuando Humberto recuperó la consciencia algo había cambiado. Sus gafas reposaban en su barriga, la huella de un dedo impregnaba uno de los cristales. Tenía la cabeza despejada, no parecía que acabara de despertar tras lo que le parecían varias horas. Se miró las manos – es curioso cómo al despertar de un desmayo o un desvanecimiento, o tras un amago de ambos o sólo uno, lo primero que os miréis sean las manos, y si tenéis un espejo cerca la cara. Vuestro rostro, los ojos circundados por una palidez súbitamente opalescente, una descomposición de la carne que aterra - por el estado depauperado de la piel, de vuestra integridad- y consuela -el hecho de que la veáis va ligado al los movimientos del corazón: sístole y diástole: otra forma de decir que aún estáis vivos, de que aún sois – y nada extraño vio.

Se sentía bien, más lúcido que tras despertar cualquier mañana. Su reflejo en el espejo era más que saludable, sus mejillas estaban coloreadas, su piel tersa como recién lavada, sus labios rojos y sus dos pupilas verdes más dilatadas de lo normal. Era media tarde, alrededor de las siete calculaba, cuando el sol de la temprana primavera ya está declinando y las flavas irisaciones dan una pátina de esperanza melancólica que embellece todo aquello que ilumina. Aunque había algo que descuadraba más que el recuerdo el sentimiento que sobre el salón de su casa tenía Humberto: no era la disposición de los muebles, el sofá seguía ocupando el centro de la espaciosa estancia, la mesa donde solía comer tras éste, con sus cuatro sillas tapizadas de azul marino, el escabel gris donde reposaba los pies mientras veía la tele o leía o simplemente pensaba cuando no le apetecía hacer ninguna de estas dos cosas bajo la mesita que disponía entre la televisión y el sofá, las estanterías combadas por el peso de los libros flanqueando la entrada, un par de cuadros cuya procedencia había olvidado en sus correspondientes paredes. Todo en el salón estaba en el mismo lugar en el que estaba antes de que Humberto perdiera la consciencia, aunque no recordaba cuándo ni lo último que vio. Aún así, algo latía dentro de aquella habitación que lo desasosegaba. No era su luz, era la densidad de la sala, la viscosidad ausente que estaba respirando. Su instinto de supervivencia, acuciándole desde el subconsciente le hizo una señal de peligro, sobresaltado corrió por el pasillo que tras doblar a la izquierda desembocaba en la cocina.


El estallido sobrecogió a todo el barrio. Todos los vecinos del edificio y varios de los edificios anejos fueron desalojados por los bomberos y el Samur, cuatro viviendas quedaron completamente destrozadas por la explosión y el inmueble sufrió daños estructurales que obligaron a su derribo una semana más tarde. Humberto murió, sin embargo, un segundo antes de que la misma chispa prendiese la masa gaseosa que flotaba por su piso, otra metafórica le prendió por dentro. Et deus in nobis, agitante callescimus illo. Y recordó su nombre, Gliceria Soares, esa compañera de clase de cuando sólo tenía siete años. Tal vez lo recordara porque compartía el apellido de uno de los grandes heterónimos que el poeta Fernando Pessoa usó en vida: Soares, Bernardo Soares; de cuyos escritos, filosofías varias y poemas disfrutó, sufrió y guardó no sólo en el recuerdo sino en su propia alma. Hasta el día de su propia ignición.


Basado en un hecho real sucedido en un edificio vecino cuando tenía cinco o seis años. Lo recuerdo porque fue un verano o dos antes de mudar de vivienda por primera vez en mi vida.

jueves, noviembre 08, 2007



La luz de la lámpara se filtra por debajo de la puerta. Odio dormirme y despertar cuando ya es de noche. Me encuentro entre dos mundos, el de los noctámbulos y el de los que se acuestan pronto y madrugan. Y en ninguno de ellos me siento cómodo. Además, me duele la cabeza. No sé si tomar café o un té, aunque termino decantándome por esta última bebida. Con el tiempo que hace fuera me sentará bien. Necesito escribir para poder expresar lo que siento. Pero tengo un problema, quiero expresar lo que siento sin pararme a sentir lo que estoy sintiendo. Quiero escribir lo que creo que siento, quiero contarlo para que lo lean, para yo leerlo, pero no creo que de verdad sienta así. A base de pensar me he forjado una forma de sentir. Reprimir sentimientos, ni buenos ni malos, se me da bien. Me cuesta asumir que hay cosas que es mejor nunca decir, y que en cambio otras han de ser dichas si queremos crecer, si queremos ser nosotros mismos y no la censura colectiva de nuestra propia naturaleza. Por mi naturaleza yo soy inconstante.

viernes, octubre 05, 2007

Paisajes ajenos

Uno suele prenderse de las cosas que a diario le rodean y, éstas, como nuestro propio cuerpo, son tan importantes en nuestra vida que al abandonarlas sentimos una mutilación en nuestro interior. En otras ocasiones diría que el cercenamiento es en el alma, pero yo la he sentido en algo mucho más humano: en las tripas.



Cuando me marché de Sevilla hace ya cinco años, el paisaje humano lo componían mis amigos y familiares, todos tan distintos y singulares, cada uno parte de mí y yo parte de ellos. El paisaje urbano, en cambio, del cual formamos parte en cuanto que lo habitamos, lo pateamos, lo utilizamos, deja de ser nuestro en cuanto nos marchamos. Los pequeños cambios que imperceptiblemente lo van modificando son tan nuestros como la propia ropa que vamos mudando con el paso de las estaciones, ropa heredada una y otra vez.


Una obra para ampliar las aceras guarda en el esqueleto de su creación tantas miradas nuestras como kilos de cemento para poder levantarla. Y nos parece lo más normal cuando por fin terminadas, empiezan a ser recorridas por todas esas personas, también espectadores de la obra. Poco a poco va perdiendo el lustre y la novedad, las primeras lluvias, los orines y las deposiciones de los canes van punteando las imbricaciones entre losas y losas, chicles y papeles quedan adheridas a las aceras como cicatrices calientes, y nosotros con nuestras miradas y nuestros pasos, sean estos en la dirección que sean, también deformamos las calles.



Un día de repente te marchas de la ciudad, o te mudas a otra parte de la misma, y de la misma forma en que conoces a compañeros de clase en el colegio, en la facultad, en el trabajo, y compartes con ellos experiencias, risas, algún llanto y cervezas, secretos y besos, improperios y vas creciendo, llega un día y de repente dejas de tener contacto con uno y luego otro y otro, y sólo lo mantienes con unos cuántos - y esto no depende de las afinidades individuales.


El origen está en algo tan incierto que no logró discernir -, y a veces incluso, alguien tan importante en tu vida, como la garante de tu primer escarceo desaparece, y pasan años hasta que vuelves a recordarla - un pasador de plástico rosa en el pelo de esa colegiala impúber que aún aletargada y con la mochila en un carrito se encamina al colegio te despierta del fondo de la memoria el mismo color rosa de un suéter que se solía poner los lunes lluviosos de otoño -, de la misma forma, decía, un día tras muchos sin pasar por un determinado lugar al que quedaron prendidos tantos recuerdos nuestros, pasas, y descubres incrédulo que has dejado de formar parte de ese lugar.


Con recelo y nostalgia notas que unos bolardos en determinada parte de la acera que transitas están gastados por el paso de tiempo, alguno inclinado de haber recibido un topetazo de algún coche, oxidados, y el recelo proviene de que ni siquiera recuerdas esos bolardos allí, lo que significa que hace tanto tiempo que no pasas por allí que tus miradas, tus pasos, tus inquietudes cargadas en el fondo del corazón, no han formado parte de ese escenario en todo ese tiempo. Y la nostalgia, como la última ola de unas vacaciones en el mar, nos inunda por dentro, nos esponja con un sentimiento que baila entre la felicidad de vivir y la tristeza de haber vivido.


Es cuando te das cuentas que los paisajes urbanos son inmóviles, inabarcables, intransitables desde el exilio, al contrario que las personas con quien seguimos manteniendo el contacto, pues a pesar de los cambios que el vivir la vida va provocando dentro y fuera de nuestro cuerpo, siempre queda un recodo de reconocimiento, un lugar común con los mismos accidentes, un par de aceras sólo transitadas por nosotros cuando nos encontramos. Inviolables en nuestra ausencia.

miércoles, octubre 03, 2007

Muchas de mis reflexiones parecen que tienen como fin último ser las líneas con que comience un libro que aún no he escrito. Por este motivo, algunos de los que me conocen me califican de dogmático, en el sentido de que, en muchos aspectos de la vida divago, sobre todo cuando reflexiono sobre ella misma. En realidad lo que estoy es inmerso en una búsqueda de palabras y sensaciones que transmitan la fuerza que me gusta notar al comienzo de una novela, y poder combinarlas de tal forma que recompongan un paisaje por cuya contemplación merezca la pena haber vivido. Uno de mis mayores deseos desde que la chispa de la literatura me inflamó por dentro es comenzar una historia con tanta contundencia que el que las lea quede atrapado y la única solución para librarse de ellas sea caer enteramente en ellas y leerlas hasta el fin, y que al término las palabras se le queden tan agarradas que formen parte de él.


De la misma forma con que la naturaleza con su fin reproductor nos inocula la libido, tal vez sufra de una pequeña desviación a través de la cual intento perpetuar no mi carne sino mis sentimientos - mi visión del mundo: humano en cuanto que emana de nosotros pero antinatural porque el fin de toda la especie, quitándole todo el revestimiento con que el ser humano la viste, es reproducirse - a través de mis palabras.


La cuestión es que estar continuamente dictándome y dictando titulares a todo el mundo termina cansándonos. De tanto relativizar banalizo la propia vida. Al final, termino pensando que ese libro que anhelo parir es mi vida, y que de tanto comenzarlo, de tanto idear las primeras frases, estoy dejando de escribir las que van justo después. Y de primeras frases una vida no debe ser vivida.

jueves, septiembre 27, 2007

Por Humberto Diosdado

¿te atreverías? Me preguntaba indolente mientras se mordía el labio. No es atrevimiento, es tentación. ¿caerías entonces en la tentación? Ya estoy cayendo.¿y no te arrepentirás después?

Brazos desmayados que me pesan en el corazón.

sábado, septiembre 22, 2007

Soy de esas personas a las que les cuesta escribir lo que siente. Sin embargo, cuando me preguntan o cuando tomo la iniciativa y enumero y narro aquellas cosas que se me pasan por la mente y el corazón, se me aclaran las ideas y la palabra brota de mis labios con la misma naturalidad con que brota el agua de una fuente.


Por esta razón, cuyo origen desconozco, soy incapaz de escribir un diario. Lo he intentado en multitud de ocasiones, me he comprado libretas para ello, he abierto páginas del word con el encabezamiento “Diario”, incluso llegué a publicar en este mismo blog dos de ellos.

Desde pequeño he emborronado cientos de páginas que he ido tirando a la basura. Otras las he guardado, no hay en este descarte ningún motivo, son todas igual de mediocres. Si algún día llegara a ser una persona de renombre cobrarían interés por puro morbo, porque la gente quiere saber qué sienten, cómo piensan y actúan aquellas personas que destacan en algún ámbito de la vida social, piensan que en ello se encuentra la clave de su éxito. Yo no descuello en nada, así que difícilmente cualquier anotación mía pueda cobrar algún interés.

Y esto, a veces, me da mucha rabia. Porque me gustaría poder enseñar una parte de mí, hacer pornografía sentimental. Mi naturaleza es antitética con mis anhelos, pienso y deseo determinadas cosas que niego a través de mis actos. Leo y leo, para encontrar, a través de las palabras de los demás las mías propias, trato de meterme en sus pieles, y me embelesan sus pensamientos, sus palabras tan precisas que definen estados emocionales tan comunes y tan difíciles de perfilar con palabras. Y me doy cuenta de que no soy capaz de alejarme de mí lo suficiente como para escribir con la lejanía del que se sabe protagonista de una vida pero rechaza el vivirla. Esta es, quizás, la mayor traba con la que me encuentro: me siento vivo cuando almaceno las palabras en mi interior, cuando las escribo una leve sensación de olvido se apodera de mí, como si al dejar testimonio escrito de ello pudiera desprenderme de la experiencia vivida. Por este motivo, cuando un lugar me gusta demasiado, cuando en un viaje un paisaje me deja sin palabras, cierro los ojos un segundo, aspiro y dejo la cámara de fotos colgando en el pecho. Si escribiera sobre ese lugar, si con una foto intentase captar lo que he sentido en esos instantes, todo el sentido que para mi tenía se desprendería de la palabra y la de la imagen y dejaría por completo de significar nada para mí.


Así que aunque inevitablemente tome muchas fotografías a lo largo de cualquier viaje, sólo lo hago en aquellos momentos en los que no estoy sintiendo nada especial. De esta manera, entre foto y foto, o entre recuerdos puestos por escrito, revivo con mayor intensidad los momentos especiales, pequeños tesoros que prefiero no guardar de ninguna otra forma que no sea dentro de mi cabeza, para no desvirtuar su viveza.


A veces pienso que en realidad estos momentos no son tan especiales pero en un momento concreto los sentimos como tal, y que precisamente por conservarlos en el formol de la escritura o de la fotografía podemos valorarlos retrospectivamente y ver su verdadera naturaleza. Pero la verdadera naturaleza sólo se entiende en el mismo momento de su revelación. Como dice en algún lugar que leí, un río a pesar de ser el mismo río nunca lleva la misma agua, es inútil tratar de sumergirnos pues en la misma corriente.

lunes, septiembre 03, 2007

Dentro de 23 días cumplo 24 años. El 24 de septiembre hará 5 años que me vine a vivir a Madrid. Y hoy 3 de septiembre peso 3 kilos más que antes de marcharme el 3 de agosto 25 días de vacaciones.

Son números que se me acaban de venir a la mente mientras me quedan 17 correos por contestar, 7 exámenes por hacer, 9 asuntos por resolver y media docena de amores que marchitar.

Cumpliré 24, perderé esos 3 kilos y los volveré a ganar, responderé estos 17 correos pero otros tantos ya están redactándose o reenviándose a mi buzón, haré los 7 exámenes y algún día terminaré la carrera, resolveré esos 9 asuntos que, a fin de cuentas, tampoco son tan importantes y me volveré a enamorar. ¿no? Lo único que ojalá no suceda nunca es que me caduquen esa media docena de amores que me corresponden...

viernes, agosto 31, 2007

Durante el mes y medio que he estado sin actualizar el blog ha mediado tanta vida como para llenar varias entradas, o incluso varios libros. Pero 25 días de vacaciones y la vuelta a la normalidad tienen un efecto tan devastador (es mentira) sobre mí que apenas sí recuerdo qué fue de esa época en la que podía disfrutar de una buena cerveza fresquita en compañía.

Parece que fue hace un lustro cuando estaba en una cala de Roche tumbado sobre la arena, dando brincos entre las olas, riendo con mi amigo Juanjo mientras iban cayendo uno tras otro los botellines de cruzcampo perlados por la condensación, acompañados por un tándem typical dominguero: filetes "empanaos" y tortilla de patatas. Pero fue sólo hace una semana.

Y si me remonto a la primera de agosto, cuando probé el cocido montañés cántabro in situ, la quesada pasiega, la marmita, las corbatas de Unquera, las fabes con almejas, el chorizo auténtico asturiano a la sidra... Y es que 25 días dan para mucho comer. Concretamente he aumentado mis reservas en tres kilitos, pero han sabido a gloria.

Ahora que de nuevo llegan los exámenes es momento de hacer doble penintencia por los excesos y regular un poco la dieta. Aunque hoy ya me la he saltado. Una menestra de verduras con pollo a la plancha muy rico, y de postre un helado de dos bolas: tarta de queso y dulce de leche. El café que no falte. Y es que así no se puede.

Para la próxima entrada os prometo alguna foto de mi escapada al norte.

lunes, julio 16, 2007

Sábado 7 de julio de 2007

Hoy concluyo este diario. Me salto varias entradas y le pongo el punto y final. Por el mismo no-motivo que lo comencé lo finalizo. Tal vez una razón más profunda de lo que imaginaba me empujó a publicarlo y otra de la misma naturaleza me mueva a terminarlo. A pesar de que no tiene fin porque sigo escribiendo y, ante todo, sigo viviendo. Ojalá pudiera decir que el punto y final lo pondré cuando expire pero eso sólo lo hacen los grandes poetas:

É tal vez o último dia da minha vida.
Saudei o sol, levantando a mão direita
mas não o saudei, dizendo-lhe adeus.
Fiz sinal de gostar de o ver ainda, mais nada


Es tal vez el último día de mi vida.

Saludé al sol, levantando la mano derecha,
pero no lo saludé diciendo adiós.
Hice señal de que me gustaba verlo antes: nada más.


Fernando Pessoa.
Poema dictado por el poeta el día de su muerte



Si dijera que algunos de los que me leen con regularidad se alegrarán de que por fin deje de hablar de mis intimidades sentimentales mentiría. Y no porque realmente no se alegren sino porque en realidad esos algunos son muy pocos, con lo cual decir algunos cuando debo decir uno o dos, es pecar de exagerado.


El 31 de julio este blog cumpliría 1 año. En todo este tiempo he publicado 46 entradas. 25 de ellas son mi diario de estos últimos meses. Haciendo cálculos sale aproximadamente a una entrada semanal. Al contrario de lo que puedan pensar aquellas personas que me han hecho llegar sus impresiones directamente y nunca a través de los comentarios, que recuerdo están habilitados a todo el mundo sin necesidad de registrarse, no he publicado nada por rencor, ni por demostrar nada. Soy tal como me he descrito, no he dejado de decir nada de lo que pienso aunque haya dejado cosas en el tintero que no tenían nada que ver con la temática de estos post.

He hablado sobre todo del amor porque el amor está en todas partes. Love is everywhere. De mis sentimientos porque son los que hacen girar el motor de mi vida, de mi sufrimiento, alegría, nostalgias varias y desazones atávicas. He desnudado mi alma ante la mirada de los que hayan querido mirarme, porque esconderme en este mundo, circundado de almas con caparazón, me duele aún más que mostrarme tal como soy No he podido decir todo lo que me hubiera gustado porque no tengo aún la capacidad para escribir lo que digo. Pero a fin de cuentas he escrito todo lo que he sentido. Cuando sentía una punzada de melancolía o alegría abría el word y escribía. Esto no me ha llevado a ningún sitio, tampoco lo he hecho con este propósito. La vida es suficientemente racional como para pensar a cada momento el por qué hacemos las cosas. Este blog responde más a mis regurgitaciones emocionales que a la razón. Con esta probablemente nunca llegue a escribir nada.

He eliminado todas las entradas de ambas partes de mis diarios. Han sido vuestras durante todo este tiempo, ahora pueden descansar en mi ordenador sin temor a ser releídas. El resto de mis textos siguen siendo vuestros. Intentaré publicar con la misma regularidad que hasta el momento. Una vez a la semana cada viernes, a pesar de que aún no estoy en disposición de adquirir este tipo de compromisos.

lunes, abril 16, 2007

Viejita jugando a la Game Boy Color en el metro de Madrid


Una prueba irrefutable de que Nintendo ha conseguido llegar a todas las edades, algo de lo que ninguna otra compañía puede presumir.
Coincidimos en todo el trayecto, incluso en un cambio de metro. La pausó y siguió jugando, al menos hasta que yo me bajé del metro. Unos 45 minutos.

miércoles, enero 03, 2007

Recuerdos de "antier"

Finalizadas las neuras de 2006 con las campanadas, las uvas y el cava, champán o sidra, procedente para tal evento, felicitado el nuevo año – ¡Feliz año nuevo! – y habiendo cambiado la foto de mi perfil, en la que parecía un intelectualoide de medio pelo (incluso eso proveniendo de mí mismo podría considerarlo un piropo), doy paso a la primera actualización de mi blog en 2007.

Curiosamente el final de año sirve para algo más que engordar un par de kilos, que te llamen o escriban aquellas personas que no suelen hacerlo durante el resto del año, que hagan especiales en la mayoría de cadenas de televisión para recaudar fondos en esta época tan consumista – algunos se sentirán mejor – o cualquier otra variante. Sirve, y a mí al menos me sirve, para descubrir con sorpresa que empiezo a tener pasado más allá del que tuve como niño y adolescente, y el gran descubridor de esta faceta que cada año se irá acrecentando son “las batidoras de 2006”, programas de relleno que fabrican todas las cadenas y en las que aparecen las mejores imágenes del año, las más sorprendentes, las noticias más relevantes, canciones de moda, y demás momentos caústicos que han marcado el agonizante año y en los que siempre hay un rinconcito para la nostalgia. Se echa mano del archivo histórico de Televisión Española y solucionado. Así me descubrí con cierto estupor viendo uno en el que aparecían imágenes de la década de los noventa y comienzos de dos mil, época en las que ya tenía de manera más que sobrada uso de razón. Esto causó en mi un cierto estupor. Recuerdos ya sabía que tenía porque, aunque poca, memoria tengo. No se trataba de eso.

Tenía además un pasado. Un pasado lleno de sentimientos propios y comunes al resto de mortales. Un repertorio de canciones que podría tararear con nostalgia junto a cientos de miles de personas. Series de dibujos animados que comentar no ya con fervorosa pasión sino con incongruente melancolía. Y barba. Y recuerdos de la moda de una época. Si miro una de las pocas fotos que tengo de cuando me hice mayor de edad veo con estupor que lo que entonces me parecía corriente en cuanto a modo de vestir, hoy empieza a estar en desuso. Que las sudaderas anchas no se llevan a no ser que seas rapero y la lleves extra large, que las zapatillas Paredes están completamente ensombrecida por Nike, Adidas y Reebok. Incluso las J’hayber blancas y azules, con su llamita en la lengüeta. Casi un objeto de culto que hoy sería calificado de hortera. Lo que ahora se llevan son los muelles.

Y la separación de mis padres. Un suceso normal en la vida de cualquier persona, padres e hijos. Más normal incluso hoy día, ya que la media de separaciones ha aumentado vertiginosamente en la última década. Y no es culpa de la emancipación y reivindicación igualitaria del género femenino sino por incompetencia masculina. En mi caso y en el de muchos. No sé en qué proporción.
Una separación que viví cuando tenía catorce años y mis padres llevaban 23 años casados. Dejaron de quererse o empezaron a ignorarse a los seis años de haber realizado el enlace. Tengo tres hermanos, 33, 32 y 28 años. Niña, niño, niña y yo. Dos parejas. Me consuela escuchar a mi madre decir que es lo único que le salió bien y de lo que no se arrepiente.

A los dos últimos mi padre no quiso tenernos. Hoy estoy aquí. No soy yo quien deba hablar de él porque cada vez que voy a Sevilla me entero de cosas nuevas que pasaron entre mis padres y que desconozco. Es normal, yo era pequeño, y eso a un niño pequeño no se le cuenta. Yo nunca noté amor en mi casa. Armonía tampoco. ¿Me marcó eso? Hoy sé que más de lo que un principio podría imaginar. Si a mis hermanos que son bastante mayores que yo les marcó, yo no habría de ser menos. Aunque lo de que a mis hermanos les afectase es algo de lo que me he ido enterando más tarde.


Crezco, crezco, crezco. La virtud de cumplir años es inmanente al hecho de nacer, el pasar del tiempo trae cosas buenas y cosas malas. Pero la vida es en sí misma bonita, agradable a veces, y para que la sintamos y disfrutemos, valoremos y sopesemos, es también amarga a sorbos. Como un océano infinito, recorrido por corrientes distintas que llevan a distintas islas. En unas encontramos paz, sosiego, calma, alegría, en otras soledad, tristeza, amargura, pero hay corrientes circulatorias que no conducen más que a un eterno vagar. Un camino interminable.

jueves, diciembre 21, 2006


Si quieres reirte pincha en la foto


Dulce Navidad

“Un hombre puede andar aquí la vida entera y no hallarse nunca, si nació perdido”.


José Saramago, Levantado del suelo.

Navidad. Nunca un día dura tanto. Concretamente 45 días, del 22 de noviembre al 6 de enero (eso oficialmente). Y en realidad, Navidad Navidad sólo es el 25, día de la Natividad de Jesucristo. Y es que la Navidad es como el Universo, cada vez se expande más y más.

Navidad...¡ala, todos igualados por el rasero del cristianismo, aunque no queramos!. Y disfrazada además bajo una túnica tejida por el capitalismo que por estas fechas se viste su mejor sonrisa y propaga la idea de amor, fraternidad e igualdad. Igualdad en gastos, por supuesto.

Mientras gastemos, todos felices. Esa es la idea que, por sugestión colectiva alimentada por un bombardeo mediático (medios que no olvidemos viven de la publicidad), debe estar en nuestra mente.

Sonríe, sé feliz, recuerda a los tuyos, llámales y pasa a verlos, pero no te olvides del regalo, sí, sí, si los Reyes Magos ya lo hicieron hace dos mil y pico de años, llevándole incienso, mirra y oro a Jesús, cómo no vamos a continuar con esa costumbre. ¡ Por favor, faltara más! ¡No tendríamos corazón! Cómprale un móvil, además, mira qué barato, y las tarifas tirás de precio, para que no tengas excusas y les llames.

Y esto, queridos lectores (ayer descubrí con sorpresa que son más de tres personas las que me leen), ya lo sabíamos todos, ni puedo ni pretendo ilustrar sobre este tema. Si lo saco es porque lo que me preocupa (¿me preocupa realmente?) es que la gran mayoría (qué bonito calificativo) sabemos de estas artimañas y nos da un poco igual. Es tan fácil abandonarse a los placeres de la sobremesa, llena de turrón, orujo, mazapán, guirlache y demás postres hipercalóricos, que no sólo lo hacemos en cuerpo sino también en alma. Tándem completo.

Y es que todo es por los niños, o al menos esa es la excusa. Les compramos todo lo que piden por dos motivos. Uno, nos da pena que el niño crezca con complejo de pobre, en esta sociedad el que no tiene es menos que los demás. Dos, somos tan egoístas que nos ponemos en el lugar del niño y pensamos, Cómo no voy a darle lo que pide, a mí me gustaría que me regalaran todo. Claro, y como nosotros lo queremos todo, el niño también ha de quererlo todo. Y todo es lo que le regalamos. ¡Ah! Todo menos la felicidad. Esa no es la forma de conseguirla.

Al final todo es tan sencillo como no ir contracorriente, dejar nuestras cuentas a cero y nuestros cuerpos con unos kilos de más, refrescar el repertorio de villancicos navideños, llamar a esos familiares con los que no solemos hablar a menudo, sonreír más, protestar menos. Ay... dulce Navidad. ¿Os he dicho que os quiero? Amigos, la vida es breve, el arte largo, las relaciones efímeras, las estaciones periódicas, los estados temporales, y la felicidad duradera.

Hablando de felicidad, ¿qué me traerán este año los Reyes?

martes, diciembre 05, 2006


El tiempo, indecoroso hacia sí mismo, ha pasado más rápido de lo que esperaba. Esta es la sensación que me embarga y que he terminado de racionalizar, no obstante, en un recodo de mi fuero interno sé que jamás esperé nada del tiempo sino de las personas, y por no llamar al tiempo por su nombre me olvidé de su existencia.


Los días solariegos pasaron: la Feria del libro con sus escritores corcovados dedicando sus libros cargados de reflexiones, invenciones, anhelos, prejuicios, falsa moral; eruditos unos, místicos otros, proselitistas de su ego la mayoría. Todo aquello está sepultado no por el tiempo sino por la memoria. Hoy hace frío, el primer frío de un otoño tardío, cargado de nubes, de tormentas persistentes a lo largo de varias semanas.

A menudo me sorprendo reflexionando sobre el carácter mortal de los seres humanos. En un par de entradas de este blog hablo sobre ese tema. Será porque tengo 23 años y me parece que he envejecido demasiado rápido.

Una de mis teorías y convicciones personales sobre la vida y su sentido, es que desde que el ser humano piensa y tiene memoria, las edades de envejecimiento han ido variando a lo largo de la historia. Así, mientras yo creo haberlo hecho muy rápido para la época en que vivimos, otros para la época en que vivimos no maduran. Cada momento tiene su magia. Cada paso que da el tiempo mide diferente según las personas, según el país y según la ciudad en que viva. Cada paso avanza distinto, por distintos senderos, algunos se encuentran en el camino, otros se enfrentan en él. Y en realidad todo tiene el sentido que uno quiera darle según el momento de embriaguez, emoción, lucidez, desazón, desánimo, esperanza o apatía, según el estado de ánimo de cada uno, medimos el mundo, lo cualificamos, y lo hacemos único y diferente.

lunes, noviembre 27, 2006



Después de un tiempo sin publicar nada en el blog, adjunto este fragmento que escribí hace unos días. Siento ser tan poco prolijo, no consigo sacar más de mí.


Est deus in nobis; agitante callescimus illo
Hay un Dios dentro de nosotros ; cuando se agita nos inflamamos


Ovídio, Fastos 6.5

Nunca pensé que el dolor
llegara a ser adictivo;
siento la libertad más plena cuando
mi alma sufre: soy una laguna
negra que arrastra vanidades a su interior.
En el fondo tiemblo; la certeza
de que este mundo que me construyo

y me construyen es una opción me aniquila.

No es la cadencia de las palabras, no es el ritmo
de la naturaleza, no. Nada. Tal vez no sea nada porque
nada puedo expresar sino un sentimiento
que nace del dolor. Un dolor vivo que me humaniza,
una cuerda de esparto que rodea esa parte de mí
que se agita y que se inflama.

¡Tengo tantas cosas que sentir! ¡tantas funciones que vivir!
tantos papeles que cumplir... y sólo sería feliz cumpliendo
el que sé que no puedo: porque la cama está caliente y fuera
el mundo está oscuro,
inhóspito, frío, gris. Triste.

jueves, noviembre 09, 2006

'Speculum Humanæ Salvationis'
(El espejo de la salvación humana)

Una espiral y caigo en ella. Tuve una mala racha, salí de ella. Han pasado dos años, y no quiero pasar de nuevo por otra etapa semejante. Sonrío a diario, trabajo a diario, intento cultivarme a diario. Tengo ambiciones y expectativas, ganas de vivir la vida, pero hay momentos que en un segundo, el mundo se calla, y siento como se hunde encima de mí. Soy yo el remolino y me trago todas las sensaciones, quedando sepultadas detrás de mis carnes que esconden un alma, por un instante ensombrecida, que avanza y retrocede, como la misma humanidad desde que el hombre perdió su inocencia, y con él, la historia misma.
Pero ya me he recuperado, esa nube que me ha oscurecido levemente y por un solo instante, ya ha pasado. Ahora de nuevo puedo sonreír, y la vida pasa sin que me pese. Es tan fácil como hacerme el que sabe que el tiempo corre pero sin prestarle atención, mirando a otro lado para no desesperarme. Me exaspera la mortalidad. Si fuera inmortal sufriría por la inmarcesibilidad de mi carne. Pero soy mortal y me oprime el pecho la idea de que un día – el mañana eternamente pospuesto – ya no sea joven, y que sepa lo que es amar.

martes, octubre 31, 2006


Sinceridad con cadenas

Para escribir hay que ser valiente o no tener nada que perder. Me podría inventar una vida, una cara, podría sentir a través de otro personaje, un personaje creado por mí. Sería una forma de liberación. Pero en cierto modo también sería una forma de renunciar a vivir mi vida. Y la verdad es que no tengo el valor suficiente ni para escribir con sinceridad ni para inventarme otra vida y pintarle un alma. Y mucho menos para renunciar a mi insulsa existencia. Y tampoco tengo nada que perder.
Todo lo que escribo nace por dos motivos, que en realidad es uno, solo que a veces se traviste. O es autobiográfico, con o sin adornos. O lo que escribo es completamente inventado y es como un parto, si nace es porque no podía estar más tiempo dentro de mí, ya que se hubiera podrido y me hubiera dejado infectado. Y digo que este último es en realidad el primero travestido porque lo que nace, lo que paro, es una frustración, un anhelo, lo escribo para que alguien lea lo que siento, y no lo enseño para que ese alguien no sepa lo que siento.
Me vendo. Soy un cobarde. Y además no tengo suficiente valor.

jueves, octubre 26, 2006


Abrazos gratis para el Mundo entero

Hay historias que hacen que se le salte las lágrimas a un servidor. Hoy me encontré por casualidad con una de ellas, que a tenor de como han transcurrido las cosas, se ha hecho mundialmente famosa.

Y es que cuando el ánimo anda de capa caída no hay nada mejor que un buen
abrazo.

viernes, octubre 20, 2006



Un caluroso verano chipionero seis años atrás. Atención a la pinta chuloplaya que tengo...

Las casualidades no existen. Eso pienso justo después de que andase pensando sobre qué podía escribir en mi blog. Lo actualizo poco y son pocas las ideas que tengo para hacerlo.Abro el correo y veo uno de mi amigo Edu. Está limpiando su disco duro y me envía un texto que escribí y le envié hace por lo menos seis años.
No es muy bueno pero al menos me sorprende gratamente. Tal vez la emoción de reencontrarme con algo que ni recordaba me hace verlo con otros ojos. Os lo copio a continuación. Al final sigo sin escribir nada, pero comparto con vosotros una pequeña parte de lo que fui a través de lo que escribí.

De repente el cielo se abrió, y lo pude ver, estaba ahí... el secreto, el más oculto secreto y esencia de su ser. Inimaginable a mis ojos pude ver su alma, entrelazada en la esencia de las flores, no comprendí ni comprendo como puede nacer algo así.
Estoy tumbado en mi cama, pensando, intentando saber por qué, cómo lo ha hecho, nadie lo pudo hacer antes, pero... ella es distinta, a todos... y a todas. Es sencillez extrema, paciencia vistosa, cariño receloso, simpatía infantil, ojos color miel, y pelo suntuoso, inimaginable y casi inalcanzable para mí, mortal en alma, su dulce y tierna sonrisa cautiva las miradas, miradas lejanas, miradas ocultas de gentes que no sienten, que no viven, pero ella da vida a todo en cuanto posa su mirada.
Sigo sin explicármelo, sigo sin saber por qué, cómo lo ha hecho, nadie lo pudo hacer antes pero ella... es el ocaso después de la pesadilla, en el que el alma encogida se aferra al destino soñado y sin aceptarlo llora y clama, pero entonces su recuerdo me ilumina, y si está junto a mi... ¡oh!, mi vida no sería la misma, aunque nunca antes fuese igual a lo que será en el futuro. Pienso en el futuro.
¡Qué futuro me esperaría junto a ella!. ¿ puede existir la felicidad sin preocupaciones?, sólo cuando lo sienta lo podré decir, pero... si no tengo preocupaciones, nunca podré quejarme de nada ¡maldito sea el día en que comencé a pensar!, jamás me debieron enseñar, como hoy en día, que es a lo último que se aprende.
En fin, sigo tumbado en mi cama, he quedado en 30 minutos, y la verdad es que no tengo ganas de levantarme, pero... por otra parte...¿ Por qué, cómo lo ha hecho, nadie lo pudo hacer antes, pero ella... ¡ME HA ENAMORADO!.